El Barrio Latino de París

«Atravesaron la ciudad en zigzag, bajo la favorecedora luz de la tarde. Las parisinas, ya bellas de por sí, lo eran más aún entonces».

«El restaurante donde les llevó Claire, en las calles estrechas del Barrio Latino, era exiguo y hervía de actividad, con las paredes recubiertas de baldosas marroquíes. Sentado junto al ventanal, Mitchell veía pasar a la multitud por la calle. En un momento dado, una joven de unos veinte años, con el pelo cortado a lo Juana de Arco, pasó justo por delante del ventanal. Cuando Mitchell la miró, ella hizo algo asombroso: le devolvió la mirada. Con una expresión abiertamente provocativa. No es que quisiera acostarse con él, no se trataba de eso. Sencillamente, estaba encantada de reconocer, aquella tarde de finales del verano, que él era un hombre y ella una mujer, y que, si él la encontraba seductora, a ella le parecía estupendo. Una americana jamás habría mirado así a Mitchell».

La trama nupcial de Jeffrey Eugenides

            Pisar las calles del Barrio Latino de París es reconstruir la historia. Una pequeña plaza como intersección entre dos calles fue protagonista de numerosas protestas y revueltas sociales. Gases lacrimógenos y gestos de policías irritaban los ojos de los estudiantes, y justificaban una de sus grandes aficiones, defender y exigir lo necesario. ¿La segunda? Expresar sus percepciones a través del arte, por lo que caminar sin destinación fija en este distrito parisino es, se quiera o no, deambular sobre las huellas de artistas, escritores, poetas, bailarines y músicos.

Sus bistró, diseñados para acoger mesas circulares de apenas unos sesenta centímetros, acompañadas por una o dos sillas dependiendo del lugar, son lugares de reunión para muchos artistas franceses.

En Cluny se respira intelectualidad. Una plaza llena de sembradíos florales alberga la estatua de Montaigne, escritor, humanista, moralista del Renacimiento y padre del género Ensayo. Allí las librerías son numerosas y los libros están seleccionados por su género en diversos cajones o maletas que en otras épocas eran utilizadas para viajar.

El costo de estos varía de lugar en lugar y se pueden conseguir grandes ejemplares a 0,20 euros en un establecimiento que recupera obras literarias y vinilos usados y los revende a precios bajísimos.

La Sorbona está a unas pequeñas cuadras de distancia. Es un edificio que data de 1257 y sus pasillos tienen un color opaco que no esconden su edad. Su luz amarilla, sus espacios encerrados por puertas antiguas y sus largos pasillos tienen consigo algo fantasmal. Hay una imponencia implícita cuando caminas. ¿Será por el hecho de haberme imaginado a Marie Curie, después de haber sido aceptada como la primera mujer profesora en esta institución, deambulando entre las escaleras con la victoria metida en los ojos?

 

 

Imposible no pensar en Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Victor Hugo. Y sus alrededores, los alrededores de La Sorbonne, llenos de parisinas jovencísimas, pálidas como un cristal de hielo y con sus rubores que resaltan todo en sus caras. No necesitan más, solo el color rosado que parece emerger naturalmente de ellas y que al atravesar la ciudad en zigzag como en la Trama Nupcial de Eugenides se vuelven más bellas bajo la luz de un sol que no quema en el Barrio Latino.

Visitar este lugar es eso, sentirte mucho más joven, intelectual, artista, rebelde o simplemente un peatón que observa y rememora.

 

Pero allí también hay un espacio para los muertos. Te encontrarás en una de sus tantas calles con el Panteón, palabra griega que significa “todos los dioses”, en este caso los dioses de la literatura francesa, artes y ciencias. Este mausoleo fue el primer monumento de importancia de París y en él reposan grandes artistas y pensadores de la República, como Voltaire, Rousseau, Honoré Mirabeau, Marat, Victor Hugo, Émile Zola, Jean Moulin, René Descartes, Louis Braille y el arquitecto Soufflot, padre de esta maravilla.

 

Si vienes a París visita el Barrio Latino, duérmete leyendo un libro en un mueble de Shakespeare and Co, prueba la comida libanesa en las callecitas empedradas de Saint-Michel y hojea las revistas y libros antiguos acomodados en pequeñas estructuras verdes al lado del río Sena.

Las fotografías que acompañan al texto fueron tomadas en diversos sitios del Barrio Latino, no necesariamente son los lugares exactos de los que se habla. 

 

 

2 comentarios sobre “El Barrio Latino de París

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