Yukiko Noritake, el arte de una japonesa en París

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Mirar ilustraciones y dibujos ajenos me transporta a otro mundo. Un mundo más dulce. Un universo hecho de un creyón oscuro que en repetidas oportunidades fue redibujado con mayor precisión. Las líneas y colores son el escenario de la vida privada del artista. Ellos se inspiran, se hacen cada vez más humanos y en algunos casos, se esconden en sus habitaciones como Van Gogh.

En esta ciudad tan llena de calles y proyectos que se hicieron grandes, hace unas semanas llegué, sin quererlo, a un café-galería de poca iluminación pero con mucho arte, y una gran selección de té y café.

Esa misma noche busqué en Instagram el nombre del lugar y entre sus publicaciones hallé una ilustración del sitio. Parecía haberse hecho a mano, con la intención de un alma noble, dulce y ligera que busca contarle al mundo sus travesías en París.

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Ella se llama Yukiko y tiene la característica de un escritor. Recuerdo a Julio Cortázar cuando llegó a París, él caminaba como un flaneûr, y veía el detrás de cada esquina, de cada boutique, de cada suceso y lo plasmaba en cuentos, poesías, cartas.

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Yukiko vive en París desde hace algún tiempo y está haciendo un máster en Ilustración y Diseño Gráfico. Cada trabajo universitario termina cobrando vida de una manera poética en las manos de esta artista japonesa. Es por eso que ella comparte sus creaciones en sus cuentas de Instagram.

@Petitejaponaiseaparis fue a la primera que llegué y no pude evitar sentirme extremadamente comprendida e identificada con su forma de percibir este nuevo mundo, que hoy compartimos como ciudad.

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Ella, al igual que yo, viene de muy lejos y mientras nos tomábamos un chocolate caliente en Shakespeare and Co, supe que teníamos muchas cosas en común.

En una de sus primeras publicaciones de @Petitejaponaiseaparis afirma que su francés no es perfecto. Pide disculpas por no sentir la necesidad de corregir las faltas de ortografía, ya que a su punto de vista esto le da un encanto particular a su historia. Y tiene toda la razón. ¿Cómo resistirse a su forma de ver la vida?

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Antes de todo, me disculpo por mi pobre francés porque no corregiré las faltas de ortografía ya que ellas le dan un encanto a la historia. 

En esta cuenta ella nos comparte todo lo que va viviendo. Lo que ve cuando pasea, sus librerías favoritas, su visita guiada al Musée du Louvre, sus ideas concebidas con respecto a los franceses y hasta lo pesado del sistema administrativo.

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Recuerdo el primer momento en que llegué a París. Eso fue hace seis años. ¿Cómo son los franceses? Lo primero que me sorprendió fue su físico. Este era el prototipo físico que yo tenía en mi cabeza de los franceses. Gracias a la imagen que yo veía en los libros de la escuela se cultivó en mi cabeza un prejuicio hasta los 21 años. Yo de verdad pensaba que los franceses eran así. Pero en realidad… (imagen de varios franceses saludando y diciendo: “Yo soy francés”). Ella responde – ¿Ah sí ? Ok. Aún así yo encontré mi antiguo típico francés en la ciudad. Los ojos grandes, la nariz y los pelos en los brazos. Visto que yo estoy en una ciudad multicultural yo me siento cada vez más habituada a estar aquí. 

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Ella cuenta sobre su visita al Museo de Louvre.
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Uno de los dibujos con respecto al sistema administrativo francés:

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¿Cuándo voy a recibir mi renovación de visa de estudiante?

Ella me contó, también, sobre @yukkosartpost, otra de sus cuentas, esta vez con una selección de sus trabajos más profesionales, incluyendo sus creaciones estudiantiles. A medida que veo lo que ella hace más me impresiono. Su talento es digno de compartir, y según mi criterio, se merece todas las salas de exposiciones francesas para mostrar su obra ante el público.

Su cuenta personal @yukikonoritake sirve de diario para compartir sus paseos y descubrimientos. Fotografías que hace ella misma con su teléfono y las comparte casi en tiempo real. No hay desperdicio en seguirla en todas sus redes sociales, diferentes contenidos para cada una y un alma que no solo sonríe cuando habla de su arte, sino cuando cuenta que ha tomado clases de salsa con un profesor cubano y que muere por aprender español.

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Mientras caminábamos a Merci, un concept store del que hablaré más adelante, me dijo ‘gracias’ en español y otro par de palabras que pronuncia muy muy bien. Después de nuestra salida solo deseo que no deje de hacer su trabajo y le agradezco por haber aceptado compartir una mañana conmigo y con ustedes, quienes ahora mismo leen su historia y estoy segura de que sentirán el mismo placer que yo al admirar lo que  ella hace y está por hacer.

Gracias Yukiko.

ゆきこさん、いろいろとありがとうございました。これからもよろしくおねがいします。

Todos los diseños pertenecen a sus diferentes cuentas de Instagram:

1. @yukkosartpost 2. @petitejaponaiseaparis 3. @yukikonoritake.

 

El Barrio Latino de París

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«Atravesaron la ciudad en zigzag, bajo la favorecedora luz de la tarde. Las parisinas, ya bellas de por sí, lo eran más aún entonces».

«El restaurante donde les llevó Claire, en las calles estrechas del Barrio Latino, era exiguo y hervía de actividad, con las paredes recubiertas de baldosas marroquíes. Sentado junto al ventanal, Mitchell veía pasar a la multitud por la calle. En un momento dado, una joven de unos veinte años, con el pelo cortado a lo Juana de Arco, pasó justo por delante del ventanal. Cuando Mitchell la miró, ella hizo algo asombroso: le devolvió la mirada. Con una expresión abiertamente provocativa. No es que quisiera acostarse con él, no se trataba de eso. Sencillamente, estaba encantada de reconocer, aquella tarde de finales del verano, que él era un hombre y ella una mujer, y que, si él la encontraba seductora, a ella le parecía estupendo. Una americana jamás habría mirado así a Mitchell».

La trama nupcial de Jeffrey Eugenides

            Pisar las calles del Barrio Latino de París es reconstruir la historia. Una pequeña plaza como intersección entre dos calles fue protagonista de numerosas protestas y revueltas sociales. Gases lacrimógenos y gestos de policías irritaban los ojos de los estudiantes, y justificaban una de sus grandes aficiones, defender y exigir lo necesario. ¿La segunda? Expresar sus percepciones a través del arte, por lo que caminar sin destinación fija en este distrito parisino es, se quiera o no, deambular sobre las huellas de artistas, escritores, poetas, bailarines y músicos.

Sus bistró, diseñados para acoger mesas circulares de apenas unos sesenta centímetros, acompañadas por una o dos sillas dependiendo del lugar, son lugares de reunión para muchos artistas franceses.

En Cluny se respira intelectualidad. Una plaza llena de sembradíos florales alberga la estatua de Montaigne, escritor, humanista, moralista del Renacimiento y padre del género Ensayo. Allí las librerías son numerosas y los libros están seleccionados por su género en diversos cajones o maletas que en otras épocas eran utilizadas para viajar.

El costo de estos varía de lugar en lugar y se pueden conseguir grandes ejemplares a 0,20 euros en un establecimiento que recupera obras literarias y vinilos usados y los revende a precios bajísimos.

La Sorbona está a unas pequeñas cuadras de distancia. Es un edificio que data de 1257 y sus pasillos tienen un color opaco que no esconden su edad. Su luz amarilla, sus espacios encerrados por puertas antiguas y sus largos pasillos tienen consigo algo fantasmal. Hay una imponencia implícita cuando caminas. ¿Será por el hecho de haberme imaginado a Marie Curie, después de haber sido aceptada como la primera mujer profesora en esta institución, deambulando entre las escaleras con la victoria metida en los ojos?

 

 

Imposible no pensar en Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Victor Hugo. Y sus alrededores, los alrededores de La Sorbonne, llenos de parisinas jovencísimas, pálidas como un cristal de hielo y con sus rubores que resaltan todo en sus caras. No necesitan más, solo el color rosado que parece emerger naturalmente de ellas y que al atravesar la ciudad en zigzag como en la Trama Nupcial de Eugenides se vuelven más bellas bajo la luz de un sol que no quema en el Barrio Latino.

Visitar este lugar es eso, sentirte mucho más joven, intelectual, artista, rebelde o simplemente un peatón que observa y rememora.

 

Pero allí también hay un espacio para los muertos. Te encontrarás en una de sus tantas calles con el Panteón, palabra griega que significa “todos los dioses”, en este caso los dioses de la literatura francesa, artes y ciencias. Este mausoleo fue el primer monumento de importancia de París y en él reposan grandes artistas y pensadores de la República, como Voltaire, Rousseau, Honoré Mirabeau, Marat, Victor Hugo, Émile Zola, Jean Moulin, René Descartes, Louis Braille y el arquitecto Soufflot, padre de esta maravilla.

 

Si vienes a París visita el Barrio Latino, duérmete leyendo un libro en un mueble de Shakespeare and Co, prueba la comida libanesa en las callecitas empedradas de Saint-Michel y hojea las revistas y libros antiguos acomodados en pequeñas estructuras verdes al lado del río Sena.

Las fotografías que acompañan al texto fueron tomadas en diversos sitios del Barrio Latino, no necesariamente son los lugares exactos de los que se habla.